Por Gustavo Robreño Dolz
El júbilo y la añoranza se reunieron cuando conocimos la noticia de que la Cumbre de los Pueblos se celebrará los días 4 y 5 de diciembre en Punta Cana, República Dominicana, según se anunció en el Encuentro Continental de Solidaridad con Cuba que tuvo lugar en la ciudad de México recientemente.
Ningún sitio mejor escogido en estos momentos que la heroica y fraternal tierra dominicana para un evento donde América Latina y el Caribe expresen de manera activa y militante su apoyo a Cuba, a su independencia y soberanía, su derecho a la autodeterminación y a proseguir por su camino propio sin interferencias ni amenazas extranjeras, extensivo a Venezuela y Nicaragua.
En un momento de peligros y acechanzas imperialistas del gobierno de Estados Unidos sobre el Caribe, al que tradicionalmente ha pretendido sojuzgar, explotar, saquear y humillar, ningún escenario mejor que la tierra de Quisqueya, que ha sido ya ultrajada más de una vez por la bota imperial yanqui y no lo olvida.
Por otra parte, los vínculos seculares e históricos y la profunda relación de hermandad y familiaridad entre los pueblos cubano y dominicano, -posiblemente las más estrechas entre pueblos del Caribe,- ameritan sin dudas esta convocatoria amplia y sin exclusiones.
De este modo, puede afirmarse que José Martí y Máximo Gómez estarán de regreso otra vez en la patria hermana. Para el Generalísimo de las Guerras de Independencia de Cuba será un regreso a su patria natal, donde también se le venera, admira y recuerda, como en la Mayor de las Antillas, donde se le consideró por ley como cubano y hoy se conservan sus restos como sagrados.
En cuanto al Apóstol José Martí, baste recordar su histórica carta a su entrañable amigo dominicano Federico Henríquez y Carvajal al decirle: “De Santo Domingo ¿porqué le he de hablar? ¿es eso cosa distinta de Cuba? ¿Ud. no es cubano, y hay quien lo sea mejor que Ud.? ¿y Gómez, no es cubano? ¿y yo què soy, y quién me fija suelo? (…) Yo obedezco y aún diré como superior dispensación y como ley americana la necesidad feliz de partir, al amparo de Santo Domingo, para la guerra de libertad de Cuba. (…). Levante bien la voz, que si caigo será también por la independencia de su patria…”
La Campaña de Solidaridad con Cuba en República Dominicana, donde se agrupan activamente los indoblegables martianos, solidarios y firmes en su noble y hermosa labor, lanzaron la idea en el citado encuentro de México y allí se acordó unánimemente por los hermanos de Nuestra América y se fijó como sede a Dominicana, precisamente por la significación y la relación histórica y carnal con Cuba, sellada con sangre y sacrificios comunes, que nada ni nadie, ningún imperio por poderoso que se crea podrá romper ni hacer olvidar.
La luz inextinguible de Montecristi jamás se apagará y alumbra nuestros respectivos caminos con hermandad, solidaridad, respeto mutuo y sin exclusiones

